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27/08/2012 El Mundo Laura Jurado

Hendrix y la ‘movida’ mallorquina de Fraga

Francesc Vicens analiza en ‘Paradise of Love’ el papel de la música de los 60 en la creación de la imagen de la Isla.

Ibiza debutaba en sus fiestas flower power con hippies auténticos -de aquellos que idolatraban Es Vedrà-mientras Mallorca se convertía en
un laboratorio turístico. Mediaban los años 60 y el Festival Internacional de la Canción de Mallorca era sólo una pieza más en un engranaje musical que buscaba ensalzar las virtudes de la Isla como destino turístico. Detrás, aunque algo alejado
y en un despacho, estaba el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga. España fraguaba un plan para modernizar su fachada, canciones mediante,
frente a los europeos. El musicólogo Francesc Vicens recoge ahora aquella época en su estudio Paradise of Love o l’illa imaginada. Cuatro años de trabajo y documentación preceden a la disección, en formato ensayo, que Vicens realiza sobre las canciones populares de los 60. Los grandes éxitos llegados con la ola pop enmarcados en el primer estadio del turismo en Mallorca y los últimos años del régimen franquista. «La música funcionó como un elemento de cambio de la sociedad, pero en realidad surgió para hacer de la Isla un lugar turístico atractivo a nivel mundial », apunta el Doctor en Musicología. Un oasis de fiesta, relax y disfrute que se inventaba y se vendía en los cuatro minutos que podía durar una canción. La orden venía de más arriba. «Era una estrategia de Fraga para mostrar una imagenmás moderna y cosmopolita de España en un momento cultural rancio», explica el mallorquín. Los destinos turísticos eran elmejor lugar en el que poner en marcha aquel gran proyecto para convencer a Europa de la normalidad de nuestra sociedad y dictadura. Y Mallorca, como isla, era además «un lugar
controlable a nivel político».
En 1964 el Festival Internacional de la Canción de Mallorca
se convertía en un pilar fundamental.
Una muestra creada a imagen y semejanza del festival de San Remo por la que pasaron artistas como Massiel, Los Javaloyas, Karina, Georgie Dann o la francesa Frida Boccara.
«Era una iniciativa de Fomento de Turismo y en las bases del certamen estaba que las canciones que enaltecieran la Isla tendrían mayor puntuación», recuerda el autor.
Fueron los años de Vuelo 502, de
Me lo dijo Pérez o El puente. Sus
letras, como la de Paradise of Love,
fraguaron «la isla imaginada».Mallorca
era un lugar de ensueño
donde pasar las vacaciones, donde
enamorarse y donde disfrutar de
algunos de los nombres más relevantes
de la música internacional.
El festival ganó notoriedad. Discográficas
como EMI, Belter o Fonal
esperaban conocer a los ganadores
para convertirles en su nuevo
fichaje. La música era ya un baluarte
para la economía turística mallorquina.
Proliferaron las bandas y
se desbordó el número de salas de
conciertos hasta superar a los grupos
disponibles. «Pasamos de una
sociedad rural a una de servicio en
muy pocos años. Se ganabamás tocando
la guitarra en un conjunto
que como empleado de banca»,
apunta el musicólogo.
Tito’s, Tagomago %u2013«que llegó a
ser una de las más importantes de
Europa»%u2013 o Sargent Pepper’s eran
algunas de las salasmás destacadas
que recibieron a artistas como Tom
Jones, Charles Aznavour, Louis
Armstrong o Jimi Hendrix. «Lo de
Hendrix fue un hecho histórico, pero
también el másmitificado. Cuando
llegó a la Isla nadie sabía quién
era salvo los extranjeros que llenaron
el concierto y cuatro músicos locales
», asegura Vicens. Lo mismo
ocurrió con las actuaciones de los
Beatles en Madrid y Barcelona donde,
según el escritor, el régimen se
encargó también de minimizar el
impacto.
Paradise of Love o l’illa imaginada
%u2013editado por Documenta Balear
y que estará disponible en librerías
el próximo mes de septiembre%u2013 recopila
más de 200 imágenes y
ejemplos sonoros de una revolución
que también llegaba una realidad
cultural, social y política.
«Mallorca tampoco estaba preparada
culturalmente, y de hecho
aquella renovación se planteaba sólo
de cara al turista», sostiene Vicens.
Pero aquella imagen musicada,
idílica ymoderna cuajó también
entre algunos isleños surgiendo figuras
como la del picador: «Un híbrido
entre unmallorquín profundo
y James Dean con un resultado que
parecía una parodia de sí mismo».
La mayoría demujeres, en cambio,
seguían de lejos o en la clandestinidad
aquel movimiento sometidas a
una educación tradicional.
Sin embargo también la música
folclórica de la Isla sucumbió a
aquella transformación. Las agrupaciones
populares que hasta entonces
habían tocado y bailado en lasmatanzas
y en las fiestas patronales pasaron
a engrosar la programación
de hoteles e incluso a realizar actuaciones
de bienvenida en el propio
aeropuerto. «El ball de bot se espectacularizó
buscando sus elementos
más vistosos para ser también parte
de la oferta turística», explica.
Aquella generación de melenudos
con ansias de libertad es la que hoy
ronda los 70 años. La encargada de
romper con algunos de los valores
morales y con los tabúes del pasado.
La misma que en los 80 vio cómo los
conciertos en directo se extinguían
para dar paso al concepto de la discoteca:
el pinchadiscos era entonces
el rey del espectáculo. Y el resto, ya

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